martes, 15 de marzo de 2016

Impregnarse de otros

Publicado por Julia Socorro en 14:21


   Aquella tarde llegué casi al cierre a almorzar al restaurante chino. Mi momento de descanso se lo dediqué a la agenda, mientras los granos de arroz iban y venían del plato al paladar. El bullicio se hizo silencio, y el silencio se transformó en pequeños golpes de platos y cubiertos. Al mirar a mi alrededor me convencí de que no había nadie más en el comedor y fue en ese instante cuando ella con una sonrisa iluminó mi soledad.

      - ¿Té chino? - me parafraseó.
      - Sí - le contesté.

      Me concedió una mirada a los ojos de esas que es difícil mantener. Luego se giró y empezó suavemente a cantar en su idioma, y de orquesta tenía el sonido del fin de una jornada.

      Al volver a mí con el té aún seguía con su canto. Le sonreí y ella esta vez apenas alcanzó mi horizonte.

      Ahora en este tiempo sereno, sé que soy yo la que provoca llegar al cierre. La profundidad del ser humano es una emoción que no quiero perderme cada día de mi vida en distintos escenarios.

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